4 nov 2015

Sistema de defensa Omnitron

Dejaron atrás la guarida del anciano gusano y volviendo sobre sus pasos se dirigieron a la cámara que quedaba a la derecha de la entrada. Mientras volvían a cruzar se percataron que una robusta valla de acero les cortaba el paso a lo que parecía la sala principal, donde Lord Nefarius sin duda tendría todo un surtido de experimentos y monstruosidades.
Al entrar en la estancia pudieron observar lo que parecía un enorme enano de piedra lanzando un chorro verde a una especie de dispositivo. Gjallarhorn observó la escena con su característica calma, y posó su entrenada vista sobre cada centímetro de pared. Por fin murmuró entre dientes: -no estoy seguro... pero creo que éste sistema controla la entrada. Si lo desactivamos, podremos avanzar. –Y quién carajo quiere avanzar?- Espetó Riatha – Oh cierto, si, la recompensa.- Aredhël avanzó hasta su amiga, y rascando un pegote de sangre espesa de su ya no tan reluciente hombrera, dijo: - bueno, al menos ése de ahí no tiene pinta de sangrar.-
- Ta’ta charla me ehtá dando sueño, va’mo ya, niña- Y habiendo dicho eso, Târvos proporcionó escudos mágicos a Riatha y Duku, que se lanzaron veloces hacia Omnitron.
Cuando la espada de Riatha rozó el enano, inmediatamente las tres estatuas que había detrás cobraron vida, y la sala se tornó una amalgama de fuego, magia arcana, electricidad y esa cosa verde corrosiva. Las babosas comenzaron a brotar de los charcos de veneno. Babosas, ¡qué asco! Ésta vez su objetivo no sangraba con cada golpe, pero aún así iba a ser un combate sucio. Dos de los enanos quedaron aletargados, y un tercero empezó a concentrar su ataque en una nova reluciente que no parecía muy segura. – ¡Yo me encargo! ¡ No dejes que ese enano de piedra se de la vuelta!- y Duku salió disparado con tanta fuerza hacia su oponente, que quedó mareado.
Los sistemas de defensa se turnaron para evitar una sobrecarga. Ahí lo tenían, sobrecarga.

La batalla duró lo suficiente como para mellar la espada de la elfa, pero con el sistema sobrecargado, las defensas de la guarida de Víctor Nefarius se vieron reducidas a cero. Al menos las defensas “no vivas”.