13 oct 2011

El Bastión del Crepúsculo.

El Bastión del Crepúsculo se alzaba imponente en el extremo oriental de las Tierras Altas Crepusculares, entorno al cual diferentes ramas del Martillo Crepuscular habían encontrado su hogar, y su líder, Cho'gall, dirigía a sus fuerzas preparando Azeroth para la ira de los dioses antiguos.
Aredhël y sus compañeros esperaban cautelosos no muy lejos, por encima de las tropas de Cho'gall a lomos de sus dracos, que se movían nerviosos. -No deberíamos tardar en alzar el vuelo, estas bestias están cada vez más agitadas y si toda esa chusma crepuscular se da cuenta de que estamos aquí nuestra misión se irá a la mierda- La no-muerta estaba en lo cierto, tenían que colarse dentro de la ciudadela sin que nadie les viera. En esos momentos, Duku sobrevolaba el campamento del Martillo, planeando entre las rocas y las puas de elementium. De vez en cuando veían el reflejo del sol en sus plumas hasta que volvía a perderse entre el humo de las hogueras. De pronto oyeron un graznido, que Gjallarhorn les tradujo: - es el momento, volad!- Mientras ascendían vieron como el ejército crepuscular corría hacia uno de los puestos de vigilancia, parecía fuego. Los Faucedraco, pensó Aredhël, están locos.
La ciudadela estaba despejada, desmontaron y enviaron a los dracos lejos, ese no era lugar para ellos y si algún adepto los encontraba seguro que hacían experimentos y los convertirian en cosas horribles. El portal violeta... por fin. Nadie se atrevió a bromear, de veras imponía. -Esto es una locura- murmuró alguien. Estaban inmóviles cuando Tarvôs se adelantó hasta casi rozar el portal. - He'manos, no sabemos que habrá ahí dentro. Es posible que nos enfrentemos a antiguo dioses, o a seres normales atiborrao de poderes, o a sabé qué, la cuestión es que va a ser algo sobrenaturá y que noh lo vamo a pasá teta machacando cráneos de morralla crepuscular- Esto va a doler- Dijo Armin. Amonereb acarició a Agadez detrás de las orejas -bueno, ¿que és lo peor que podría pasarnos?- Y sin decir más, atravesó el portal.

8 oct 2011

Decisiones y cerdos asados.

-La situación es ésta, no queda otro remedio que entrar en el Bastión, un ataque desde dentro permitirá cortar el problema de raíz.- Pero son simples súbditos no? Si derrotáramos a Alamuerte en un principio, quedarían descabezados, tres pájaros de un tiro! - No! Debemos ir poco a poco, Alamuerte es muy fuerte precisamente por tener los aliados que tiene, un ataque directo sería un suicido! - Chicos, he visto con mis propios ojos a la Reina de los Dragones casi perder la vida entre las fauces de ese monstruo. Debemos ser cautelosos e ir decapitando sus fuerzas poco a poco.- Aquel recuerdo hacía estremecer a Aredhël. La batalla tuvo lugar en el cielo, el aire que se respiraba ardía, y a lomos del vuelo rojo derribó infinidad de pequeños dracos Crepusculares, mientras Alexstrasza combatía a Alamuerte. Cada llamarada parecía acariciar a su adversario, pero pese a lo lejos que ella estaba con cada una le ardía la cara. Cuando la Reina cayó creyeron ver el fin del mundo.
-Decidido, nuestro objetivo será el Bastión Crepuscular. Atacaremos en cuanto reunamos un buen grupo.- Duku era experto en reunir gente competente, incluso en las situaciones más difíciles había sido capaz de convencer a desconocidos. El grupo entero habría dado hasta la vida por él, lo que fuera sin pedir nada a cambio. Pero un desconocido? No estaba segura de querer saber que artimañas utilizaba para que todos le siguieran. Podria ser oro. O gemas. ¿Ojitos de ternera? - Por el momento se nos unirá una cazadora, Amonereb, quizás hayáis oido hablar de ella. Es una no-muerta, asi que por favor nada de chistes de salones de belleza, ¿entendido? - Está bien -dijo Aredhël- creo que podré soportarlo.- Aún nos sigue faltando gente. ¿Conocéis a alguien lo suficientemente loco como para unirse a nosotros?- Bueno...- Aredhël meditó un momento - el otro día conocí a una elfa, de la orden de los Caballeros de Sangre como yo, creo que conectamos bastante y podría sernos útil.- ¿Cómo de "bastante"? - preguntó Duku - Se parte con mis chistes - ¿Y cómo de útil? - Está bien curtida en batalla, su armadura es buena... y no huele a heces - Está bien, habla con ella. Yo trataré de encontrar a un Chamán, me han dicho que tiene conocimientos en sanación y que está deseando aplastar al Martillo. Si no ha encontrado a nadie o se ha ido solo, vendrá con nosotros -.

El hidromiel había perdido cuerpo después de hablar tantas horas. Era prácticamente de noche y no habían pegado bocado desde el desayuno. Armin les propuso pedir un par de cerdos asados y renovar el hidromiel de sus jarras, tanto hablar de problemas los había dejado sin ánimos. Era hora de recordar viejas hazañas.

"Recordáis el día que..."