27 jun 2013

Faucemagma

Aredhël estaba en primera fila, como siempre. No quería que se le escapara ni un centímetro de ese gusano malnacido de entrañas de lava y fuego, y cada vez se impacientaba más. Los druidas y los sacerdotes seguían con sus rituales, lo cual estaba bien, pero ella se bastaba con la luz, y cada rezo prolongaba la visa de ese desgraciado ser. Los servidores de Ragnaros lo habían despertado hacía ya siglos, y hasta el momento se había alimentado de odio, de criaturas extrañas y sirvientes despistados, pero sobretodo de héroes, nobles caballeros que habían fallado en su intento de darle muerte, y habían perecido atravesados por sus colmillos o devorados por la lava. <hoy no...> Sabían que Nefarian lo consideraba más una molestia que un arma, pero no podían avanzar sin antes darle muerte. Aredhël se acercó al borde de la sala, y el espectáculo era impresionante: un lago de lava lamía los cimientos que los sostenían, como un amante perezoso y concienzudo. El calor subía en ráfagas que calentaban su armadura, la envolvían en un calor sofocante y la aislaban del resto del grupo. los susurros de sus compañeros la rescataron de su estado de ausencia: -Are! Are! Vamos, no podemos demorarnos más!- Todos estaban colocados. Duku rugió, y Faucemagma se percató por primera vez de que algo iba mal. El grupo se abalanzó sobre él y comenzó el baile. Las escamas se doblaban bajo el impacto del acero, crujiendo con cada golpe, dejando ver el fuego que corría por debajo. Gjallarhorn, Tarvôs y Fender concentraban todo su poder, mantenían al grupo co vida, pero los golpes de la bestia eran cada vez más potentes. De pronto se vieron envueltos de decenas de babosas, rápidas, mortíferas y con una capacidad de reproducción asombrosa, pero las criaturas encontraron la muerte entre lluvias de flechas, estrellas y puntas de hielo. Faucemagma sucumbía poco a poco a los golpes y hechizos, luchaba por sobrevivir una vez más, por llevarse algo a la boca. Fijó su mirada en Duku... y se abalanzó sobre él. En ese momento el gusano se sentenció, pues pareció olvidar al resto del grupo y dejó a su alcance la parte posterior de su cabeza. Ywën y Aredhël  se impulsaron sobre su lomo, y las cadenas que antaño habrían retenido a sus presas sirvieron para atar la bestia al suelo. se revolvía, intentaba deshacerse del peso de las cadenas, pero estaba débil, y cayó tendido al suelo.
Y allí, en medio de la sala rota, anclado a la pila, Faucemagma se vio derrotado. sus ojos, hasta entonces de un rojo vivo, perdieron su llama, se cerraron. El fuego abandonó su cuerpo. La elfa rozó el cadáver con su maza, y las escamas que antes escupían lava, ahora parecían un muro de piedra. Lentamente, el cuerpo de ese gusano anciano se deslizó por el borde del que emergía, cayendo estrepitosamente sobre la lava.

Las risas y vítores inundaron la sala, pues la montaña roca Negra había perdido el primero de sus guardianes, y la bestia de los Hierro negro ya no era más que el eco de una leyenda.

Los pies sobre la Roca

Lo que antaño fuera el salón del trono de Nefarian, allí donde le habían dado muerte mucho tiempo atrás, incluso antes de que Arthas se convirtiera en una amenaza y la plaga corrompiera el norte de los reinos, no era ahora más que un montón de rocas agrietadas y derrumbadas. Aún era visible el trono, magullado por la batalla y limado por el tiempo. Sus habitantes eran ahora murciélagos y alimañas que sobrevivían de... ¿de qué?
La puerta que atravesaron en su momento para aniquilar a la bestia estaba tapiada, pero en un lateral del raído trono había un agujero por el que se podía entrar. Atravesaron el umbral.
Sabían más o menos a lo que se enfrentaban gracias a los infiltrados que mandaban misivas cifradas, pero la realidad que vieron no se parecía en nada a lo que habían imaginado. La sala estaba perfectamente acondicionada, habían aprovechado la antecámara a la sala del trono para hacer su nuevo "recibidor". Sobre las escaleras, guardias, y tras ellos una bestia a la que llamaban Faucemagma. Acabaron rápido y en silencio con ellos, y ahora su objetivo reposaba delante de ellos, entre lava y roca.

De Tuercespina a Roca Negra

Entre Tuercespina y Roca Negra había 3 días de camino, territorios enemigos y pocas posadas. Tenían que ir rápido, pero la marcha inesperada del chamán los había dejado cojos, y bajos de ánimo.
Decidieron que lo más rápido sería volar, y alto para no ser vistos por la Alianza. Y un dragón es lo que más alto vuela, pero no podían llamarlos en Bahía del Botín, ese sitio ya estaba bastante hecho polvo. Subieron a una colina que hay detrás, y allí llamaron a sus monturas. Tardaron casi 4 horas en llegar, y estaban muy animados, hacía tiempo que reposaban en los agujeros de los Reinos del Este. Montaron.
Se empezaba a hacer de noche cuando llegaron al Bosque del Ocaso y acamparon. Se quedaron en la zona montañosa de la arboleda, a una distancia prudencial del portal antiguo. Les constaba que allí no se acercaba nadie, pero no querían correr riesgos innecesarios. No les gustaba la idea de acampar en territorio de la Alianza, pero si querían llegar pronto a Roca Negra debían ir por la ruta más corta, atravesando terrenos hostiles.
Levantaron el vuelo al romper el alba. Viajar montados en sus dragones fue una idea estupenda; gracias a la considerable altura que tomaron la vista era increíble. Los Reinos del Este se extendían a sus pies, y a medida que se acercaban a Roca Negra, la marca de Alamuerte se hacía más notoria.

Llegaron cansados y con las piernas entumecidas a Nuevo Kargath. Habían dejado atrás su destino, pero necesitaban un plan mejorado para adentrarse en la cumbre de la montaña de Nefarian, y Kargath era el sitio más cercano y con más cerveza. Pasarían allí una noche y partirían lo antes posible, pues podía haber espías que alertaran de su presencia. Acabar con Cho'gall había sido una gran hazaña, pero el enemigo les pisaba los pies. El plan era sencillo: entrar, acabar con Nefarian y volver a Orgrimmar. Aredhël no dejaba de pensar en Lunargenta, en su casa, en los almohadones de seda... debía volver a Quel'Danas, desde su investidura como caballero de Sangre que no había vuelto por allí. Sus compañeros se preguntarían dónde estaba. Se preguntaba si las hazañas del peculiar grupo del que formaba parte habrían llegado hasta su tierra. Se durmió pensando en ellos.

Esa noche volvieron los sueños, el gran banquete, el lago negro... "no deberías estar aquí."