-Decidido, nuestro objetivo será el Bastión Crepuscular. Atacaremos en cuanto reunamos un buen grupo.- Duku era experto en reunir gente competente, incluso en las situaciones más difíciles había sido capaz de convencer a desconocidos. El grupo entero habría dado hasta la vida por él, lo que fuera sin pedir nada a cambio. Pero un desconocido? No estaba segura de querer saber que artimañas utilizaba para que todos le siguieran. Podria ser oro. O gemas. ¿Ojitos de ternera? - Por el momento se nos unirá una cazadora, Amonereb, quizás hayáis oido hablar de ella. Es una no-muerta, asi que por favor nada de chistes de salones de belleza, ¿entendido? - Está bien -dijo Aredhël- creo que podré soportarlo.- Aún nos sigue faltando gente. ¿Conocéis a alguien lo suficientemente loco como para unirse a nosotros?- Bueno...- Aredhël meditó un momento - el otro día conocí a una elfa, de la orden de los Caballeros de Sangre como yo, creo que conectamos bastante y podría sernos útil.- ¿Cómo de "bastante"? - preguntó Duku - Se parte con mis chistes - ¿Y cómo de útil? - Está bien curtida en batalla, su armadura es buena... y no huele a heces - Está bien, habla con ella. Yo trataré de encontrar a un Chamán, me han dicho que tiene conocimientos en sanación y que está deseando aplastar al Martillo. Si no ha encontrado a nadie o se ha ido solo, vendrá con nosotros -.
El hidromiel había perdido cuerpo después de hablar tantas horas. Era prácticamente de noche y no habían pegado bocado desde el desayuno. Armin les propuso pedir un par de cerdos asados y renovar el hidromiel de sus jarras, tanto hablar de problemas los había dejado sin ánimos. Era hora de recordar viejas hazañas.
"Recordáis el día que..."
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