Aredhël y sus compañeros esperaban cautelosos no muy lejos, por encima de las tropas de Cho'gall a lomos de sus dracos, que se movían nerviosos. -No deberíamos tardar en alzar el vuelo, estas bestias están cada vez más agitadas y si toda esa chusma crepuscular se da cuenta de que estamos aquí nuestra misión se irá a la mierda- La no-muerta estaba en lo cierto, tenían que colarse dentro de la ciudadela sin que nadie les viera. En esos momentos, Duku sobrevolaba el campamento del Martillo, planeando entre las rocas y las puas de elementium. De vez en cuando veían el reflejo del sol en sus plumas hasta que volvía a perderse entre el humo de las hogueras. De pronto oyeron un graznido, que Gjallarhorn les tradujo: - es el momento, volad!- Mientras ascendían vieron como el ejército crepuscular corría hacia uno de los puestos de vigilancia, parecía fuego. Los Faucedraco, pensó Aredhël, están locos.
La ciudadela estaba despejada, desmontaron y enviaron a los dracos lejos, ese no era lugar para ellos y si algún adepto los encontraba seguro que hacían experimentos y los convertirian en cosas horribles. El portal violeta... por fin. Nadie se atrevió a bromear, de veras imponía. -Esto es una locura- murmuró alguien. Estaban inmóviles cuando Tarvôs se adelantó hasta casi rozar el portal. - He'manos, no sabemos que habrá ahí dentro. Es posible que nos enfrentemos a antiguo dioses, o a seres normales atiborrao de poderes, o a sabé qué, la cuestión es que va a ser algo sobrenaturá y que noh lo vamo a pasá teta machacando cráneos de morralla crepuscular- Esto va a doler- Dijo Armin. Amonereb acarició a Agadez detrás de las orejas -bueno, ¿que és lo peor que podría pasarnos?- Y sin decir más, atravesó el portal.
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