Lo que antaño fuera el salón del trono de Nefarian, allí donde le habían dado muerte mucho tiempo atrás, incluso antes de que Arthas se convirtiera en una amenaza y la plaga corrompiera el norte de los reinos, no era ahora más que un montón de rocas agrietadas y derrumbadas. Aún era visible el trono, magullado por la batalla y limado por el tiempo. Sus habitantes eran ahora murciélagos y alimañas que sobrevivían de... ¿de qué?
La puerta que atravesaron en su momento para aniquilar a la bestia estaba tapiada, pero en un lateral del raído trono había un agujero por el que se podía entrar. Atravesaron el umbral.
Sabían más o menos a lo que se enfrentaban gracias a los infiltrados que mandaban misivas cifradas, pero la realidad que vieron no se parecía en nada a lo que habían imaginado. La sala estaba perfectamente acondicionada, habían aprovechado la antecámara a la sala del trono para hacer su nuevo "recibidor". Sobre las escaleras, guardias, y tras ellos una bestia a la que llamaban Faucemagma. Acabaron rápido y en silencio con ellos, y ahora su objetivo reposaba delante de ellos, entre lava y roca.
La puerta que atravesaron en su momento para aniquilar a la bestia estaba tapiada, pero en un lateral del raído trono había un agujero por el que se podía entrar. Atravesaron el umbral.
Sabían más o menos a lo que se enfrentaban gracias a los infiltrados que mandaban misivas cifradas, pero la realidad que vieron no se parecía en nada a lo que habían imaginado. La sala estaba perfectamente acondicionada, habían aprovechado la antecámara a la sala del trono para hacer su nuevo "recibidor". Sobre las escaleras, guardias, y tras ellos una bestia a la que llamaban Faucemagma. Acabaron rápido y en silencio con ellos, y ahora su objetivo reposaba delante de ellos, entre lava y roca.
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