Entre Tuercespina y Roca Negra había 3 días de camino, territorios enemigos y pocas posadas. Tenían que ir rápido, pero la marcha inesperada del chamán los había dejado cojos, y bajos de ánimo.
Decidieron que lo más rápido sería volar, y alto para no ser vistos por la Alianza. Y un dragón es lo que más alto vuela, pero no podían llamarlos en Bahía del Botín, ese sitio ya estaba bastante hecho polvo. Subieron a una colina que hay detrás, y allí llamaron a sus monturas. Tardaron casi 4 horas en llegar, y estaban muy animados, hacía tiempo que reposaban en los agujeros de los Reinos del Este. Montaron.
Se empezaba a hacer de noche cuando llegaron al Bosque del Ocaso y acamparon. Se quedaron en la zona montañosa de la arboleda, a una distancia prudencial del portal antiguo. Les constaba que allí no se acercaba nadie, pero no querían correr riesgos innecesarios. No les gustaba la idea de acampar en territorio de la Alianza, pero si querían llegar pronto a Roca Negra debían ir por la ruta más corta, atravesando terrenos hostiles.
Levantaron el vuelo al romper el alba. Viajar montados en sus dragones fue una idea estupenda; gracias a la considerable altura que tomaron la vista era increíble. Los Reinos del Este se extendían a sus pies, y a medida que se acercaban a Roca Negra, la marca de Alamuerte se hacía más notoria.
Llegaron cansados y con las piernas entumecidas a Nuevo Kargath. Habían dejado atrás su destino, pero necesitaban un plan mejorado para adentrarse en la cumbre de la montaña de Nefarian, y Kargath era el sitio más cercano y con más cerveza. Pasarían allí una noche y partirían lo antes posible, pues podía haber espías que alertaran de su presencia. Acabar con Cho'gall había sido una gran hazaña, pero el enemigo les pisaba los pies. El plan era sencillo: entrar, acabar con Nefarian y volver a Orgrimmar. Aredhël no dejaba de pensar en Lunargenta, en su casa, en los almohadones de seda... debía volver a Quel'Danas, desde su investidura como caballero de Sangre que no había vuelto por allí. Sus compañeros se preguntarían dónde estaba. Se preguntaba si las hazañas del peculiar grupo del que formaba parte habrían llegado hasta su tierra. Se durmió pensando en ellos.
Esa noche volvieron los sueños, el gran banquete, el lago negro... "no deberías estar aquí."
Decidieron que lo más rápido sería volar, y alto para no ser vistos por la Alianza. Y un dragón es lo que más alto vuela, pero no podían llamarlos en Bahía del Botín, ese sitio ya estaba bastante hecho polvo. Subieron a una colina que hay detrás, y allí llamaron a sus monturas. Tardaron casi 4 horas en llegar, y estaban muy animados, hacía tiempo que reposaban en los agujeros de los Reinos del Este. Montaron.
Se empezaba a hacer de noche cuando llegaron al Bosque del Ocaso y acamparon. Se quedaron en la zona montañosa de la arboleda, a una distancia prudencial del portal antiguo. Les constaba que allí no se acercaba nadie, pero no querían correr riesgos innecesarios. No les gustaba la idea de acampar en territorio de la Alianza, pero si querían llegar pronto a Roca Negra debían ir por la ruta más corta, atravesando terrenos hostiles.
Levantaron el vuelo al romper el alba. Viajar montados en sus dragones fue una idea estupenda; gracias a la considerable altura que tomaron la vista era increíble. Los Reinos del Este se extendían a sus pies, y a medida que se acercaban a Roca Negra, la marca de Alamuerte se hacía más notoria.
Llegaron cansados y con las piernas entumecidas a Nuevo Kargath. Habían dejado atrás su destino, pero necesitaban un plan mejorado para adentrarse en la cumbre de la montaña de Nefarian, y Kargath era el sitio más cercano y con más cerveza. Pasarían allí una noche y partirían lo antes posible, pues podía haber espías que alertaran de su presencia. Acabar con Cho'gall había sido una gran hazaña, pero el enemigo les pisaba los pies. El plan era sencillo: entrar, acabar con Nefarian y volver a Orgrimmar. Aredhël no dejaba de pensar en Lunargenta, en su casa, en los almohadones de seda... debía volver a Quel'Danas, desde su investidura como caballero de Sangre que no había vuelto por allí. Sus compañeros se preguntarían dónde estaba. Se preguntaba si las hazañas del peculiar grupo del que formaba parte habrían llegado hasta su tierra. Se durmió pensando en ellos.
Esa noche volvieron los sueños, el gran banquete, el lago negro... "no deberías estar aquí."
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