Antiguos dioses y seres centenarios han surgido de las entrañas de la tierra causando un cataclismo que ha revuelto Azeroth por completo. Esta es la historia de como sobrevivir.
25 nov 2011
Monstruosidad de elementium
Los cuerpos de los dragones aún estaban calientes. Valiona yacía con los ojos abiertos, que poco a poco se nublaban, adentrándola en las sombras, volviendo al seno de la maldad del que había nacido no mucho tiempo atrás. Esa raza ancestral, más vieja que el mundo, los dragones que habían poblado Azeroth mucho antes de que Aredhël naciera, antes de que el mundo conociera el mal de los hombres, el mal de la plaga, cuando se vieron corrompidos?
Casi de forma burlona, la vocecilla irritante de la cabecita atrofiada los volvió a llamar:
"(Acercaos, acercaos. Dejad que os veamos las caras. Todos os arrodillaréis ante su poder.)"
El hecho de que los animara a adentrarse más en su fortaleza los estremeció. Al doblar la esquina dos enormes dragonantes armados les cerraron el paso. No fueron un impedimento mayor.
Poco a poco llegaron a una cámara infestada de elementales, fuego, aire, agua y tierra, corrían de un lado a otro sin saber qué quemar, qué aplastar, qué volar por los aires. Cho'gall los estaba observando...
"Bienvenidos, mortales. (Pequeños y frágiles niños.) Muy pocos han visto el Sagrario Interior. (¡Alargan el brazo para tocar el fuego!)
-¿Pequeños y frágiles? Sal ya, ¡cobarde! Te escondes entre tus adeptos y susurras a las paredes, ¡deja que te veamos ogro deforme!- Los elementales ya no parecían tan desorientados, aunque no parecían haberlos visto.
"¡Es aquí donde los elegidos ven su destino. (Uno con la eternidad.) Y será aquí donde veréis el vuestro. (Fin de la carne. Fin de la carne.)!
Entonces, se dispusieron a llamar la atención de aquellos seres, ellos debían ser la última frontera antes de Cho'gall. Duku retomó su forma de oso, y junto con Riatha provocaron la ira de los elementos: - ¡Eh chispita! ¡Ven que te sople! - Y los elementales se abalanzaron sobre ellos. Fuego y agua, puede ser una buena combinación, no tardaron en deshacerse de todos. Cuando el último elemental que quedaba en pie se debilitó, la voz volvió a oírse, pero esta vez tenía un tono más nervioso, más necesitado:
"¡Hermanos del Crepúsculo! ¡El Martillo os reclama! (Fuego agua tierra aire) ¡Dejad atrás vuestro cuerpo mortal! (Fuego agua tierra aire) ¡Recibid vuestras nuevas formas ahora y para siempre! (Quema y ahoga y aplasta y asfixia) ¡¡Y utilizad vuestros dones para destruir a los infieles. (Quema y ahoga y aplasta y asfixia)!!
Al fondo de la sala había una puerta (debía ser la estancia de Cho'gall, donde se había estado escondiendo como un vil gusano) y a los lados dos enormes seres hechos de fuego y hielo. Había sido demasiado fácil... Aredhël alzó la vista y descubrió dos monstruos más: tierra y aire. Estaban colocados de manera que se potenciarían el uno al otro, pero eso también les podía ayudar a ellos. Planearon la estrategia breves momentos, Duku iría con Feludius, la monstruosidad de agua, mientras que Riatha se encargaría de Ignacius. Debían mantener la atención de las criaturas para que el resto del equipo pudiera hacer bien su trabajo. A la vez, cargaron. Al acercarse a Ignacius, Aredhël pudo verle bien. Bajo las ropas su cuerpo era oscuro, y la lava regaba sus extremidades. Se veía reluciente bajo la piel a medio fundir. Mientras estaba atónita observandolo, éste se abalanzó contra Armin, parecía que lo había marcado, pero para que? Cuando volvió junto a Riatha un camino de fuego se extendió entre ellos. El fuego había separado el grupo, y de repente Feludius se centró en Ywën, lanzándole una descarga de agua que la dejó empapada. Entonces, se preparó para congelarla. Ywën estaba tiritando al otro lado de la barrera de fuego, pese a las llamas Aredhël podía verla. Sin pensarlo le gritó: ¡Cruza! Ywën estaba cada vez más fría. -¡Ven conmigo Ywën! ¡El fuego no puede ser peor que lo que te está preparando, cruza!- La guerrera cruzó las llamas justo en el momento en que Feludius lanzaba su nova helada sobre ellos. Al otro lado del fuego, apareció seca.
Fuego y agua estaban debilitados, y entraron en escena Tierra y Aire. Todo se volvió más complicado, el suelo temblaba y el viento se arremolinaba en varios sitios de la sala, todo parecía caos. Terrastra trató de atraerlos hacia el suelo, y en ese momento Arion levantó un viento tan fuerte, que de no haber estado sujetos habrían acabado colgados por las paredes de roca. Algo parecido ocurrió cuando Arion los levantó y Terrastra provocó un seísmo. Pero la lucha no había terminado aún. Un fuerte viento y un golpe de tierra los sacudió, dejándolos desorientados y por los suelos. Mientras se recuperaban, Feludius e Ignacius bajaron de nuevo, y se acercaron a sus iguales. Los cuatro se fusionaron en un solo ser, que poseía la fuerza de todos. Se recolocaron cojos y aturdidos, y siguieron peleando. La monstruosidad de elementium rodeaba la sala dejando a su paso pozos de fuego y hielo, y de pronto levantó a Amonereb por encima de todos, hasta el techo, y la dejó caer. Tarvôs, siempre atento, lanzó levitar en ella, y pudo aterrizar sin sufrir daño alguno por la caída. Agadez en venganza, clavó sus fauces en el monstruo y arrancó parte de piedra. Los cuatro elementos eran fuertes, pero su incompetencia acabó por derrotar aquella aberración.
Una vez más, habían superado la barrera contra Cho'gall.
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