"Carne y nervio, débil pero diestro. ¿Os atrevéis a rasgar la mortaja del maestro? Caen, tropiezan, y a tientas buscan. Y el destino y el caos se unen y ofuscan."
Otra vez esa perturbante voz. Acababan de matar a uno de sus grandes esbirros, y a Cho'gall parecía no importarle demasiado. Tras pasar el umbral de la estancia de Halfus se extendían a sus pies unas largas escaleras, y al fondo adeptos del Martillo Crepuscular. Cho'gall volvió a hablar, esta vez más alto que antes:
"Hermanos en el caos, ¡el Crepúsculo ha venido! (Las sombras se alargan, la noche infinita.) Alamuerte ha desgarrado este mundo. (Puertas que fueron abiertas nunca se cierran.) Para que regrese su verdadero amo. (El maestro viene. Él viene. Él viene.)"
-¡Por los Dioses, cállate ogro! -Tarvôs parecía realmente enfadado.- Venga, ¿a qué e'perais? Vayamos a aplastarles las cabezas a todos, ¡venid si tenei lo que hay que tené pa enfrentaro a mis he'manos! - Todos estaban sorprendidos - ¡Pero venga! ¡Matad! No o' quedei ahi mirándome, ¡atacad anteh de que se den cuenta, atacad!- Y eso hicieron.
En cuanto Aredhël y los suyos cayeron sobre los cultores, la voz del ogro volvió a resonar en las paredes: "¡Hermanos del Martillo, a mi! (Todavia tienen su voluntad.) Los infieles siguen vivos. ¡Matadlos! (Aplasta sus cuerpos y con ellos su voluntad.) Vosotros sois sus elegidos. (Os llama. Os conoce.) Nacidos de la carne... (Carne) Purificados por la sangre... (Sangre) ¡Destinados a la inmortalidad! ¡Oid su llamada! ¡Muerte a los herejes!
Afortunadamente no estaban preparados para un ataque directo, cargaron sobre ellos y efectivamente, aplastaron sus cabezas contra el suelo. No obstante, fue un descenso duro, y cuando se aseguraron de que estaban solos otra vez, se detuvieron y descansaron.
- Estúpidos, tantas promesas de grandeza y poder y míralos, sus sesos y vísceras adornando el suelo.
-Esta sangre costará de marchar...
-¡Mi armadura, oh no, mi preciosa armadura! - Aredhël era sanguinaria en la batalla, arrancaba cabezas, seccionaba torsos, y si hacía falta esparcía los intestinos de sus víctimas por el suelo, pero si se manchaba...(no lo olvidemos, es una elfa de sangre) - ¡Que asco! No me digáis que llevaré estas manchas hasta que regresemos a Orgrimmar, ¡no me digáis eso!-
Poco duraron sus quejas, al otro lado del muro les estaban esperando los dragones Valiona y Theralion, una pareja de hermanos dragones que habrían sido los grandes lideres de su linaje contra todo ser viviente de Azeroth, sin embargo los oyeron discutir sobre como matarlos:
Cho'gall: Valiona, Theralion, ponedlos en su sitio.
Valiona: ¡Cumple las órdenes del maestro Theralion! ¡Matalos!
Theralion: Está claro que el maestro te hablaba a ti, Valiona. Yo estoy muy ocupado para ATACAR.
Valiona: ¡Eres un inútil, Theralion!
Theralion: ¡Cómo te atreves a llamarme inútil! ¡Ahora verás por qué era el favorito de madre!
Esos dragones podrían haber llegado muy alto, tenian poder, potencial, eran astutos e inteligentes, podrían haber sido reyes. Pero la magia que los maduró no solo les dio poder, sino que los hizo arrogantes, orgullosos y muy competitivos... entre ellos.
Encontraron a los hermanos un en frente del otro, decidieron centrar su atención en Valiona y tras el primer ataque Theralion alzó el vuelo. Desafortunadamente, las riñas con su hermano no la habían debilitado, y pronto sus poderes afloraron con todo su esplendor. Cuando lanzó un abanico de llamas los guerreros no estaban preparados, y tuvieron que correr por toda la estancia para no ser alcanzados. En ese momento Theralion la relevó (parecía que habían decidido acabar con ellos con un juego de rondas) y cuando tocó el suelo empezó a escupir una magia negra y corrosiva, dejando el suelo impregnado de ella.
El combate les pareció eterno, cuando tenían al dragón acorralado, Valiona inundaba ese espacio en llamas, lo que les hacía retroceder e huir de aquella zona de la sala. Habían visto demasiado para abandonar, pero las fuerzas empezaban a fallarles, de modo que Awak concentró sus poderes chamánicos e imbuyó a la banda de un ansia que los cegó. De pronto se sintieron fuertes, poderosos, y arremetieron contra el dragón de forma violenta y contundente. Theralion al verlos venir pasó el testigo a su hermana, que al recibir un potente golpe de Ywën en una pata dio a conocer el secreto de los hermanos: dobó la pata en señal de dolor, y Theralion, que aun no habia ascendido del todo, repitió el gesto. ¡Comparten el dolor y comparten la vida! ¡Matad esa dragona y su hermano caerá! Desde su posición más alejada, Armin se habia dado cuenta, y lo hizo saber con sus graznidos, pero hasta que Gjallarhorn no lo tradujo, nadie le entendió. ¡Matadla! ¡Matadla! Las hachas de Ywën y Aredhël hacían pedazos las escamas de las rodillas de la dragona, y las garras de Duku la hacían sangrar abundantemente. Las flechas hacían agujeros cada vez más grandes en sus alas, y Valiona luchaba con mas fiereza que nunca por su vida y la de su hermano, que desde el aire escupía sobre ellos. Valiona tenía la vista fijada en Riatha, que trataba de protegerse de su boca fétida. Tan obsesionada estaba con la elfa, que perdió de vista a los que estaban debajo de ella... Fue su fin. Sus patas doloridas no pudieron soportarla más, y sus alas estaban tan rotas que no pudo alzar el vuelo. Intentó tragarse a Riatha, pero esta golpoeó en el morro a la dragona con tanta fuerza que le obligó a torcer el cuello, y entonces la espada se hundió en su garganta.
Ni en su lecho de muerte Valiona sintió afecto por su hermano. Theralion cayó desplomado a su lado, y Valiona gastó su ultima bocanada de aire en un susurro débil y casi inperceptible: Al menos... Theralion muere conmigo...
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