<<El agua estaba fría, y no dejaba de hundirse. De repente un intenso dolor atravesó su cuerpo, como si un rayo la hubiese partido en dos, dejándole los brazos entumecidos y las piernas doloridas. Se hundía a gran velocidad en el lago, las burbujas sonaban cada vez más espesas en sus oídos y empezaba a faltarle el aire.>>
Decidieron que era el momento, con Cho'gall arrinconado y moribundo podían desviarle su atención para atender a una hermana. Tarvôs y Awak se colocaron delante de Gjallarhorn, ocultándolo a la vista del ogro. El druida comenzó a murmurar una serie de conjuros invocando a la madre Tierra, pidiéndole misericordia para traer a Aredhël de nuevo con ellos. De debajo de sus pezuñas brotaron pequeñas hojas, verdes y brillantes, que disiparon la nube negra a su alrededor. Al mismo tiempo, ocurrió lo mismo con el cuerpo de la elfa, que empezó a perder los tentáculos de la espalda y a recuperar su tono natural de piel.
<< No podía respirar. Abría la boca, pero no podía respirar. Sintió otro latigazo de dolor, como si el demonio más cruel la hubiese azotado con la espalda al desnudo con látigos de espinas. Con cada uno parecía que se le arrancaba la piel. El tono del agua cambió, esta vez si era espesa de verdad, como los charcos de petróleo del Crater de Un'goro. Intentó atrapar aire en sus pulmones de nuevo, y esta vez los llenó.>>
Aredhël se incorporó de golpe con la boca abierta, tratando de conseguir para si el poco aire respirable de aquella sala espantosa. El sonido llegó a sus oídos y con él, la realidad. Trató de incorporarse y su estomago se revolvió, vomitó de nuevo ese líquido negro que la manchó entera, pero esta vez se sintió mejor. Cho'gall, incrédulo, gritaba de rabia e impotencia. Ywën laceró sus rodillas, Duku arrancó de un mordisco una rótula, y el ogro cayó de bruces. Maldecía, maldecía constantemente con espuma en las bocas y sangre en los ojos. Una flecha atravesó un cuello. Aredhël recuperó su hacha, y la hundió en el cráneo de aquél que fue comandante del Martillo Crepuscular.
-Está... está muerto!- Si, y su muerte no pasará desapercibida por mucho tiempo, debemos huir rápido y si es posible, sin ser vistos.- Pero antes cortadle las cabezas, serán una ofrenda digna.-
La travesía de vuelta a la entrada fue silenciosa y lenta. Todos estaban débiles, y empezaban a añorar la buena comida de El colmillo partido, o la sidra de Salsera de La cola del dracoleón, y tener que comer pan duro y galletas secas no ayudaba demasiado.
Llegaron al portal de la entrada sin ninguna complicación, y al otro lado no les esperaba nadie. Llamaron a los dracos, y mientras los esperaban se refugiaron del viento detrás del aro del portal. No podían encender un fuego, así que se juntaron todo lo que pudieron y se acurrucaron en las capas.
Aredhël pronunció sus primeras palabras desde su regreso: "Gracias, hermanos."
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