27 feb 2012

Orgrimmar.

Le habría gustado que el colchón fuera de lana de oveja, y las sábanas de la delicada seda de Andra, pero en vez de eso cada día despertaba en la misma tumbona de cuerda dura. Llegaron rápido gracias al portal que los Faucedraco mantenían en el puerto, no era muy agradable, pero si rápido y efectivo, ah, y seguro: "os recomiendo tomar el portal -dijo un capataz-, puede parecer extraño pero es más seguro que esos zepelines goblin, esos monstruitos verdes siempre hacen explotar todo, con esto tenéis la garantía de que llegaréis de una sola pieza al otro lado"
Lo primero que hicieron fue dejarla en El colmillo roto, en un rincón del piso superior. Aún estaba algo febril debido a la corrupción, y andar medio en cueros no le había venido muy bien tampoco, así que la metieron en una cama improvisada con mantas y capas y la dejaron allí. Las mantas estaban un poco rasposas, pero calentaban. Había tenido pesadillas cada noche, desde que volvieron de la ciudadela, todas las noches se sumergía en el agua negra y sentía que se ahogaba, hasta que despertaba con la camisa empapada y el pelo húmedo del sudor. Esa noche no fue diferente. Se envolvió en la manta más seca y bajó las escaleras sin hacer ruido. Debajo de ellas dormía Gamon, y un borracho refunfuñaba al otro lado abrazado a una botella de pinot. Debía ser muy temprano aún, pues fuera la ciudad seguía dormida, y el sol apenas se asomaba tímido tras las montañas. Caminó en dirección a la calle mayor, pasando al lado del fuerte de Garrosh. Su recompensa por acabar con Cho'gall había sido escasa pero valiosa, ahora todo el grupo poseía armaduras nuevas y brillantes, y algo de oro con lo que pagarse una posada bastante mediocre. Caminó hasta el pequeño estanque que hay al lado de la entrada al circo de las sombras y se detuvo a contemplar su reflejo. Definitivamente, necesitaba un buen baño. El tiempo pareció detenerse, y hasta que un sapo no saltó al agua y la removió, no se dio cuenta que el sol había aparecido complétamente, y la calle empezó a llenarse de vida. Volvió a la taberna y sus compañeros estaban despiertos:
- ja ja! Nos tenías preocupados Aredhël, otra vez esos sueños?
- Si, quería despejarme un poco y respirar aire limpio antes de que salieran los carros.
- Ah estos orcos, no saben dar un paso sin levantar un polvorín.
En ese momento apareció Riatha. Llevaba un vestido de lino verde y su cabello relucía.
- ¿Cómo...?
- Atrás hay un barril enorme y aceite de rosas. Tranquila, aún hay algo de agua caliente...

Para desayunar, panceta y pan recién horneado. Pero las noticias no eran tan agradables como la leche endulzada:
- Un emisario del Anillo de la Tierra llegó anoche con un mensaje bastante preocupante.
- ¿Más preocupaciones? ¿Se trata de Nefarian?
- El caso es que el mal de Alamuerte es mayor del que creíamos. Ha despertado a los señores elementales, y están cogiendo fuerza. Los siervos de Al'Akir, a pesar de que mermamos sus fuerzas en la ciudad de Tol'vir, han seguido con los rituales y su invocación es inminente e irrefrenable.
- Bueno, pues pongámonos rumbo a Uldum, seguramente le habrán preparado un palacio en la ciudad flotante que se ve sobre el mar. Lleva mucho tiempo dormido, con un poco de suerte tardará en recobrar su poder.
- Espera, espera, no acaba aquí la cosa. El infiltrado en Roca Negra hace semanas que no envía comunicados, temen que haya muerto. Lo preocupante, a parte de la desaparición, es el último mensaje que envió. Habló de que Nefarian tiene un laboratorio bajo la montaña, y que las últimas semanas solo hablaba de una cosa, "resucitarla".
- ¿Resucitarla? ¿En femenino?
- Si.
- En serio creeis que ha podido...
- Tiene el poder. Tiene los métodos. Onyxia podría estar de vuelta.

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